Estrategas de Goldman Sachs señalaron que el dólar estadounidense podría estar acumulando presión alcista de forma gradual, advirtiendo que un shock energético más amplio podría afectar el crecimiento europeo y provocar un fortalecimiento adicional del billete verde.
Aunque el índice ponderado del dólar se ha mantenido relativamente estable en los últimos meses, el banco afirmó que ese comportamiento oculta movimientos más relevantes bajo la superficie. Según los estrategas, dos factores principales —la persistente disrupción en los mercados energéticos y la creciente demanda relacionada con la inteligencia artificial— están modificando cada vez más los términos de intercambio globales y generando divergencias en el desempeño de las divisas.
Goldman indicó que estas fuerzas tienen efectos opuestos sobre el crecimiento económico, pero coinciden en impulsar la inflación, una dinámica alineada con sus previsiones macroeconómicas generales. “Nuestras expectativas de crecimiento global se han mantenido relativamente estables desde mediados de marzo, a pesar de un conflicto más prolongado, mientras que las proyecciones de inflación han seguido aumentando gradualmente”, escribieron los estrategas.
“El riesgo más claro para un dólar más fuerte es que un shock energético más amplio comience a presionar el crecimiento, las políticas y los rendimientos esperados en otros países desarrollados, particularmente en Europa”, agregaron.
Goldman sostuvo que el comportamiento lateral reciente del dólar refleja presiones opuestas entre las divisas cíclicas vinculadas a materias primas y los mercados cambiarios asiáticos fuertemente administrados.
Los estrategas destacaron que la intervención directa en monedas como el yen japonés y la rupia india ha limitado el avance del dólar a pesar de fundamentos favorables, aunque advirtieron que estas políticas podrían resultar difíciles de mantener sin un cambio significativo en el entorno macroeconómico mundial.
La nota también destacó el fortalecimiento del dólar la semana pasada tras datos de inflación en Estados Unidos superiores a lo esperado, lo que impulsó los rendimientos globales de los bonos y mostró qué tan rápido puede apreciarse la moneda cuando los riesgos subyacentes vuelven a cobrar relevancia. El limitado avance de la cumbre Trump-Xi y las persistentes restricciones en los flujos energéticos también reforzaron la resiliencia relativa del dólar, según Goldman.
De cara al futuro, el banco señaló que, si el apetito por riesgo se mantiene sólido, es probable que continúe el comportamiento divergente observado recientemente en los mercados cambiarios, con las monedas de exportadores de materias primas de mayor beta superando al resto, mientras que los importadores sensibles a las tasas de interés quedarían rezagados.
Para posicionarse ante ese escenario y al mismo tiempo cubrirse frente a un posible shock disruptivo, Goldman dijo que favorece una canasta larga compuesta por el real brasileño, el florín húngaro, el peso mexicano y el rand sudafricano, financiada contra el euro, la corona sueca y el baht tailandés.
Los estrategas añadieron que la combinación de inflación creciente y actividad económica resiliente ya ha impulsado al alza los rendimientos de los bonos, y advirtieron que cualquier prolongación adicional del shock energético “debería seguir impulsando rendimientos relativos consistentes con cambios en los términos de intercambio”, escenario que, según consideran, favorecería una apreciación más amplia del dólar frente a las divisas del G10.
