El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha captado la atención de los mercados globales, pero analistas de Bank of America consideran que el riesgo para la economía estadounidense sigue siendo limitado por ahora.
En una nota de investigación, la economista de BofA Meghan Swiber indicó que la perspectiva base del banco para la economía de Estados Unidos no ha cambiado de manera significativa pese a los recientes acontecimientos geopolíticos.
“Creemos que los riesgos macroeconómicos en EE. UU. probablemente seguirán siendo limitados a menos que haya un fuerte repunte en los precios del petróleo”, escribió Swiber, señalando que el impacto más inmediato podría verse en el calendario de recortes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal y en la evolución del dólar estadounidense.
Los precios del petróleo siguen siendo el principal canal a través del cual el conflicto podría afectar a la economía.
Según Bank of America, una regla general ampliamente utilizada indica que un aumento de 10 dólares en el precio del crudo podría elevar la inflación medida por el gasto en consumo personal en aproximadamente 0.1 puntos porcentuales y, al mismo tiempo, reducir el crecimiento del PIB en una magnitud similar.
“La Reserva Federal estima que un aumento del 10% en el precio del petróleo eleva la inflación PCE en aproximadamente 10 puntos básicos en el corto plazo”, escribió Swiber. Sin embargo, añadió que este efecto suele disiparse en el plazo de un año, ya que los mayores costos de la energía tienden a reducir la demanda de otros bienes y servicios.
El banco también destacó que la economía estadounidense es ahora menos vulnerable a los choques petroleros que en el pasado, debido a que el país se ha convertido en un exportador neto de petróleo y gas, lo que permite que los productores nacionales se beneficien parcialmente de precios más altos.
De cara al futuro, se espera que la Reserva Federal mantenga una postura prudente. Swiber señaló que probablemente el banco central adoptará un enfoque de “esperar y ver” mientras evalúa si los precios más altos del petróleo terminan traduciéndose en una inflación más amplia o en una desaceleración del crecimiento económico.









