Estrategas de UBS señalaron que los mercados bursátiles globales no están reflejando plenamente las consecuencias económicas del actual choque en la oferta de petróleo, y advirtieron que los efectos secundarios sobre el crecimiento y las utilidades podrían ser más persistentes de lo que esperan los inversionistas.
El crudo Brent ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, después de haber rozado los 120 dólares, mientras el Estrecho de Ormuz continúa prácticamente cerrado al tráfico comercial normal tras la escalada del conflicto en Medio Oriente.
El tránsito de buques por esta vía clave se mantiene muy por debajo de los niveles previos al conflicto, lo que impide que millones de barriles diarios de crudo y productos refinados lleguen a los mercados finales.
“La disrupción actual ya es comparable con los mayores shocks de oferta petrolera registrados, con volúmenes afectados muy por encima de los episodios geopolíticos habituales”, señalaron los estrategas de UBS liderados por Artour Danilov en una nota.
En el escenario base del banco, la oferta global de petróleo no regresaría a los niveles de enero sino hasta finales de año, con precios reales entre 30% y 40% más altos durante aproximadamente seis meses antes de moderarse parcialmente.
En un escenario más negativo, la producción solo se recuperaría a la mitad incluso después de un año completo.
“Los mercados parecen estar subestimando actualmente la persistencia de estos efectos de segunda ronda”, escribieron los estrategas, destacando que las bolsas han mostrado estabilidad tras la caída inicial, con diferenciales de crédito contenidos y estimaciones de ganancias apenas revisadas.
Además, los datos de posicionamiento sugieren que los inversionistas apuestan por una normalización rápida de los precios, tratando el shock como algo temporal y no como un obstáculo estructural para el crecimiento global.
Europa es vista como particularmente vulnerable. Los altos precios de la energía actúan como un impuesto directo sobre hogares y empresas en una región altamente dependiente de las importaciones de petróleo y gas, reduciendo ingresos reales, márgenes y confianza, al tiempo que limita el margen de acción de los bancos centrales.
“Históricamente, esto ha llevado a menores utilidades, compresión de valuaciones y una limitada flexibilidad de política, ya que la inflación restringe la respuesta de los bancos centrales”, añadieron los estrategas.
En contraste, el índice Nasdaq 100 en Estados Unidos, impulsado por empresas con estructuras ligeras en capital y bajo consumo energético, ha mostrado resiliencia y ha seguido atrayendo revisiones al alza en utilidades.
“Balances sólidos, una demanda estructural impulsada por la inteligencia artificial y perfiles de flujo de efectivo menos cíclicos hacen que el riesgo a la baja en la tecnología estadounidense sea relativamente menor en nuestra opinión”, concluyeron.
