Una corrección significativa en los mercados accionarios afectaría el crecimiento mundial, pero por sí sola es poco probable que empuje a la economía global hacia una recesión, según un nuevo análisis de Capital Economics.
En una nota publicada el miércoles, la economista jefe global Jennifer McKeown señaló que, aunque las caídas en la bolsa pueden amplificar la debilidad económica, la historia sugiere que “la causalidad casi siempre va de la economía hacia los mercados y no al revés”.
McKeown explicó que las caídas de 20% o más en las acciones estadounidenses “a menudo coinciden con recesiones, pero rara vez o nunca las causan”. Añadió que los episodios más severos, incluidos 1929 y 2008, ocurrieron cuando los mercados bursátiles se desplomaron “junto con una economía que ya se estaba debilitando de manera independiente”. En esos casos, el endurecimiento del crédito, la presión sobre los balances y el colapso de la confianza profundizaron la crisis.
En contraste, destacó las correcciones de 1946, 1962 y 1987, que tuvieron “un impacto económico limitado porque el entorno era estable, los balances eran saludables y/o los responsables de la política actuaron con rapidez”. La principal lección, según la firma, es que las caídas bursátiles se vuelven realmente peligrosas cuando coinciden con vulnerabilidades estructurales como un alto apalancamiento o inestabilidad financiera.
Actualmente, entre los riesgos potenciales se encuentran errores en la política fiscal o tensiones geopolíticas que podrían provocar tanto una desaceleración global como una caída en los mercados accionarios.
No obstante, McKeown descartó que un desplome relacionado con el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial desencadene automáticamente una recesión. Para que eso ocurriera, tendría que producirse “un colapso en la confianza sobre el potencial de la IA”, un escenario que la firma considera poco probable dada la expectativa de mayores ganancias de productividad.
Capital Economics prevé que el S&P 500 caiga 12.5% el próximo año, un movimiento que, en su opinión, tendría “consecuencias económicas muy limitadas”. Incluso una corrección más profunda de entre 20% y 30% “no necesariamente causaría una recesión por sí sola”, respaldada por un crecimiento aún firme, una inflación en descenso, balances bancarios más sólidos y mercados emergentes más resilientes.

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