El oro alcanza nuevos récords y “ya no es solo una cobertura en los portafolios”, según expertos

Las incertidumbres políticas y macroeconómicas, junto con la investigación que involucra a Jerome Powell, han impulsado al oro a nuevos máximos históricos, superando por primera vez los 4,600 dólares por onza. El precio spot alcanzó esta mañana los 4,601.17 dólares, mientras que los futuros llegaron a 4,612.40 dólares por onza.

El repunte de la plata tampoco se detiene. El metal blanco marcó nuevos récords históricos en 84.653 dólares por onza en el mercado spot, después de haber aumentado cerca de 150% en 2025. “Esperamos que el déficit en el mercado de la plata continúe durante todo 2026, principalmente debido al aumento de la demanda de inversión”, señaló BMI, unidad de Fitch Solutions, añadiendo que la demanda industrial también ha ajustado aún más la oferta física a niveles sin precedentes.

“El desempeño de los metales preciosos es un recordatorio de cuánta incertidumbre enfrentan los mercados —geopolítica, el debate sobre crecimiento y tasas, y ahora un nuevo riesgo institucional impulsado por los titulares”, explicó Charu Chanana, estratega jefe de inversiones en Saxo Markets, en Singapur.

El comentario hace referencia al anuncio de Powell sobre una investigación penal relacionada con su participación en la remodelación de 2,500 millones de dólares de la sede de la Reserva Federal en Washington, D.C., y su testimonio ante el Congreso.

La respuesta del presidente de la Fed fue contundente: la posible acusación “debe verse en el contexto más amplio de amenazas y presiones continuas por parte de la administración” para influir en las decisiones de tasas de interés del banco central. Los repetidos ataques de la administración Trump contra la Fed el año pasado ya habían debilitado al dólar y favorecido el avance del oro.

Las protestas en Irán también han impulsado la demanda de activos refugio. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró ayer que estaba evaluando varias opciones respecto a Irán, al tiempo que reiteró amenazas de apoderarse de Groenlandia y cuestionó el valor de la alianza de la OTAN, poco más de una semana después de la detención del líder venezolano Nicolás Maduro.

Mientras tanto, la Suprema Corte de Estados Unidos ha programado para el miércoles su próxima decisión sobre los aranceles de Trump. Un fallo en contra socavaría el principal eje de la política económica del presidente y supondría su mayor derrota legal desde su regreso a la Casa Blanca.

Los metales preciosos se sitúan en el centro de un poderoso rally estructural, impulsado por una serie de factores de largo plazo que han disparado la demanda. Entre los principales se encuentran la caída de las tasas de interés en Estados Unidos, el aumento de las tensiones geopolíticas, la pérdida de confianza en el dólar y los desafíos a la independencia de la Fed. Más de una docena de gestores de fondos han señalado que no planean reducir de forma significativa sus posiciones en oro, manteniendo una fuerte convicción en su valor a largo plazo.

Thibaut Dorlet y Johann Mauchand, ambos CFA Senior Multi-Asset Fund Managers, consideran que el papel cada vez más relevante del oro en los portafolios “ya no es solo el de una cobertura”. Si bien sigue actuando como un “seguro” frente al debilitamiento de la correlación entre acciones y bonos y en un contexto geopolítico más incierto, el oro se está consolidando gradualmente como una “verdadera opción de asignación de activos reales”.

Entre las dinámicas estructurales que explican esta transformación destacan las “reallocaciones de los bancos centrales del dólar hacia el oro”, que “están proporcionando un soporte presumiblemente duradero y poco sensible a los precios”. El Banco Popular de China, por ejemplo, mantiene oficialmente solo el 7.7% de sus reservas en oro: una convergencia hacia el aproximadamente 20% observado entre los bancos centrales del G10 implicaría cerca de 3,300 toneladas adicionales de compras, equivalentes a varios años de acumulación (Bloomberg).

El entorno macroeconómico “ha cambiado profundamente” y “tasas reales persistentemente bajas, políticas fiscales expansivas y crecientes dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública refuerzan la necesidad de mantener un activo independiente de cualquier entidad soberana. El oro se está convirtiendo en un activo de alta convicción y en un equilibrador natural dentro de los portafolios”, continúan los expertos.

A estos factores se suma “la ampliación de los canales de acceso a las inversiones en oro”, lo que “ha amplificado estas dinámicas”. En particular, el crecimiento de los ETF ha permitido que una base más amplia de inversionistas —minoristas, privados e institucionales— pueda acceder con mayor facilidad al metal amarillo.

Dorlet y Mauchand concluyen que “los movimientos recientes ponen de relieve una reasignación estructural, más que una mera especulación, hacia un activo que se ha convertido en un pilar estratégico. Hoy, el oro combina dos funciones esenciales: la de amortiguador en tiempos de estrés y la de impulsor de la diversificación en mercados volátiles”. En este entorno fragmentado, el oro destaca como “uno de los pocos activos capaces de ofrecer independencia del riesgo soberano, resiliencia en épocas de recesión y un perfil riesgo/rendimiento potencialmente atractivo”.

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